22 de julio de 2010

Bitácora de Viaje Π

Uno no se levanta siempre con el objetivo de viajar o de salir, a veces te levantas con el objetivo de hacer algo por tu vida que no se relaciona en nada con un viaje.

Viajar significa mucho más que ir de un lugar a otro, porque muchas veces el viaje más espectacular que se hace en la vida, se logra muy cerca de uno mismo y sin la necesidad de conocer un lugar nuevo.

De vez en cuando, me despierto a la imaginación y me veo envuelto en una necesidad compleja que me sobrepasa. Vivir el día a día dejando de lado la propia imaginación es una tortura a la que me he acostumbrado... por eso me gusta tanto, y a la vez me molesta, el darme cuenta de que no tengo un solo mundo frente a mis ojos, sino que tengo todos los que quiera... pero en mi mente.

Hoy salí a pasear, no llevé la cámara fotográfica, pero si a Dorian y a Fran conmigo. Estuve deambulando todo el día, Fran corría ayudándose de sus manos, y trepaba los árboles del parque, porque desde las alturas se veían mejor lso canguros y uno que otro koala con los que no puedo conversar (porque no habla en koala), por su parte, Dorian se movía como un rayo de luz, reflejando la del sol es su brillante cuerpo mientras recorría tanto árboles como senderos sinuosos escondidos a mi vista. Entre tanto aparecía y se subía a mi hombro izquierdo, desde donde me contaba lo que se veía debajo de la piedras y como escabullirse de algunas aves.

El sol bajaba con lentitud, y el parque dio paso a la ciudad, iluminada por miles de luces estáticas, reflejadas los los brillantes edificios y el suelo mojado por la lluvia reciente, que habíamos evitado entre los árboles. La gente pasaba a mi lado, sin percatarse de los ojos ávidos con que Dorian y Fran los miraban, por mi parte, me sonreía al saber que estos dos volverán a concepción con más ganas que yo de relatar sus aventuras.

Dorian todavía ,e habla de los cocodrilos que vimos en Sydney y del dragón de komodo que casi no se movía... también del camaleón que no lo dejaba de mirar, y de la enorme anaconda porque todavía le cuesta creer que fuera tan grande.
Fran insiste en que lo lleve a uno de los zoológicos de acá, porque no pudimos ver gorilas en Sydney, aunque se quedó contento de haber disfrutado unas risas en compañía del bebé chimpancé.

Los dos están mucho más felices que yo... ellos si que han disfrutado este viaje.

18 de julio de 2010

Bitácora de Viaje II

De ese primer día en Sydney, hay algunas fotos en facebook, así qué no vale mucho hablar sobre eso...
El segundo día en Sydney, fue parecido al primero, con respecto al itinerario, porque consistió básicamente en salir a caminar por la ciudad, volver al Opera House (esta vez con Dorian y Fran), pasear por el Royal Botanical Garden, y luego al Museo de Sydney. Interesantísimo lugar, y lo mejor que había visto con respecto a museos (ese pensamiento cambiaría al ir al museo de Melbourne), con exibiciones geniales e interactivas del futuro jajaja. Y el cierre del día fue en el acuario, de donde salieron algunas fotos espectaculares y un videíto, que no está en Facebook Muahaha.
Regreso al hotel, posterior a una comida rápida, el caminar todo el día cansa... aunque cueste creerlo. Después de una noche de sueño reparador, el tercer día significo un paseíto en ferry por la bahía de Sydney hasta el maravilloso Taronga Zoo, de donde salieron más fotos que están en facebook y otras que no están. Todo otro día entero de caminata, esta vez mirando más animales que personas, pero, por raro que suene, había más gente en el zoo que en al ciudad... Buenas las instalaciones, aunque habían varios hábitats que estaban arreglando y no pude ver al Panda Rojo, porque le estaban arreglando su ambiente. Así que me desquitaré con alguno de los zoológicos de Melbourne (tiene 3) porque acá, según me informó mi primo, hay pandas rojos y pandas gigantes... eso significa mucha foto y mucho turista, pero tengo paciencia para esas cosas.
Regreso en ferry una vez más, otra comidilla ligera y a la cama, porque al tercer día tomamos el tren que me trajo a Melbourne.
Mi primer y más grande error en este país.
Pero, ¿Cómo iba yo a saber que los trenes de Australia son peores que los de Chile? El punto es que el viaje en avión de Sydney a Melbourne dura como una hora y algo y es bastante barato, por su parte, el viaje el tren (pensé yo) serían unas 3 o 4 horas con la ventaja de disfrutar del paisaje... ¡ERROR! el viaje en tren duró 12 horas porque los trenes tienen restricción de velocidad (aunque no me lo crean) y el paisaje es más fome que mirar crecer pasto. Este país es plano como un plato... lo más decente que tienen son las Blue Mountains (Montañas azules, que se ven de ese color a la distancia por una especie de eucalipto que crece en sus laderas) cuya cumbre más alta no pasa de los 2000 metros.
Se comprende entonces como yo no estaba nada de impresionado.
Llegamos, la estación de trenes es impresionantemente grande moderna y bonita (lástima que le servicio sea como las OO), ahí mismo se toman los trenes urbanos que llevan a los distintos suburbios. Otra media hora de viaje, un rato en auto y finalmente llegué al destino desde el cual escribo estas palabras.
Los demás días, mañana o después...

17 de julio de 2010

Bitácora de Viaje I

Encontré tiempo, lo tenía guardado en uno de los bolsillos de la mochila, y no lo había sacado todavía, pero ahora que lo tengo aquí, puedo escribir.

Salí de Santiago el domingo 27 de junio a eso de las 5 de la tarde, con destino a Bs. Aires y de esa travesía, recuerdo la cordillera desde arriba, que se ve genial, y las ciudades iluminadas en Argentina, que parecían islas de luz en un mar oscuro... y Bs. Aires es ENORME. El viaje tomó poco más de dos horas, pero llegué a las 8 (por la diferencia de hora) y ahí perdí una hora de mi vida. Un taxi me cobró un ojo de la cara por llevarme al otro aeropuerto, donde esperé hasta las 2 de la mañana (ya era 28 de junio of course) en que salió el vuelo con rumbo a Auckland, Nueva Zelanda. Para aquellos que se olvidan de que la tierra es esférica, les cuento que el avión voló hacia el sur desde Bs. Aires, y pasó bordeando la Antártica. El viaje duró 13 horas, y llegue a Auckland el lunes 29 de junio a las 7 de la mañana. En el aeropuerto, me tocó ver un millón de adolescentes japonesas turistas... fue espeluznante. Una hora de espera, y el viaje sigue a Sydney. Ese vuelo duró 3 horas y llegamos a destino a las 10 de la mañana (sí, otra hora perdida.. más un día entero por haber cruzado la línea de cambio de fecha... revisen sus atlas!).

Cero problemas en la aduana Australiana, salvo por el "casi" haber perdido mi notebook, pero lo salvé y la gente del aeropuerto era buena onda. Una aventura el sistema de trenes urbanos de Sydney... pero logré desenmarañar el enredo y llegué a mi destino. Luego de poner mi carita de pena y balbucear algo sobre 19 horas de viaje y de que venía llegando nada menos que de otro continente, me dejaron usar la pieza del hotel en que dormiría las tres noche siguientes.

Ducha rápida y reponedora, cambio de ropa y a la aventura. Salí a pasear a eso de las dos de la tarde y me aventuré por las calles de Sydney hasta como las 8, al volver estaban mis primos esperando, comimos y luego a dormir...


Continúo mañana (mañana para mi obviamente) dependiendo de las lecturas que esto tenga... si le va bien sigo, si le va mal lo mando a la cresta.

Muahahaha

18 de junio de 2010

Carrasperas con limón

No es sorpresa para nadie, en gran parte porque nadie lee esto, que esto tenga una actulización luego de una cantidad de tiempo determinada muy superior a las otras cantidades de tiempo determinadas del pasado, cuando esas cantidades de tiempo eran cuasi regulares.

Que lindo no perder algunas costumbres como la redundancia torturante.




Ahora, la excusa: Dentro de unos días emprenderé un viaje místico fenomenal, o algo parecido, y quiere tener un registro semi.formal (sin corbata) de lo que suceda, por lo que abusaré de este sitio.

Si resulta, es posible que luego retome mi extraviada costumbre de blogear... pero creo que entonces, me cambiaré a wordpress.