22 febrero 2011

El valor del Silencio

No se trata de ponerle precio a algo que no lo tiene, tampoco es que sea importante o relevante, aunque sabemos que lo es.

El punto, que en este caso puede perderse con facilidad debido al tema principal, es el del valor que cada uno le da a una habitación que está vacía, salvo por todo los objetos y las personas dentro de ella: silencio.

Vivimos en una cultura o sociedad o comunidad, como sea, que le teme al silencio, y le da un valor negativo; guardar silencio implica ser culpable, tener miedo, estar nervioso y, en general, emociones negativas. Esto, por supuesto, deja de ser así cuando adornamos el silencio con palabras: "No sé qué decir", "me dejas sin palabras", y una lista que no precisaré ahora, de adornos, que en el fondo hacen que este deje de existir y, por lo tanto, pierda (entre comillas) su negatividad.

¿Tan difícil es estar en silencio con alguien sin que por ello tenga que ser una situación incómoda?

Los sonidos no son compañía, son distractores.

30 enero 2011

Todavía no

Lo triste es que las ganas están, pero faltan palabras...

28 enero 2011

Perezoso Odioso

El título no es mío, aunque desearía que lo fuera, porque apunta exactamente a lo que me tiene aquí, aunque pensándolo bien, le hecho de que no sea mío, reafirma el concepto.

Irregular como una carretera en mal estado, mis ansias, ánimos e ideas, siempre se encuentran con la problemática de la irregularidad, lo que provoca que rara vez alguna buena idea llegue a su destino, sino que todo suele quedar en suspiros o en sutiles momentos de inspiración que no llevan a nada.

Pretendo cambiar esto. De a poco, son sutileza, con calma y con paciencia. Una de esas tres me sobra, una de esas tres me aburre y una de esas tres me sobrepasa, pero ello no quiere decir que no lo intentaré al menos.

Entonces, esta viene a ser la entrada que no apunta a ninguna parte en particular, no pretender ser nada y , gracias a Polifemo, no llega a serlo tampoco. No hay estructura, no hay objetivo, no hay nada y es tal vez esa carencia la problemática de las versiones previas de este espacio virtual (lindo oxímoron).

Tengo un objetivo: buscar un objetivo.

22 julio 2010

Bitácora de Viaje Π

Uno no se levanta siempre con el objetivo de viajar o de salir, a veces te levantas con el objetivo de hacer algo por tu vida que no se relaciona en nada con un viaje.

Viajar significa mucho más que ir de un lugar a otro, porque muchas veces el viaje más espectacular que se hace en la vida, se logra muy cerca de uno mismo y sin la necesidad de conocer un lugar nuevo.

De vez en cuando, me despierto a la imaginación y me veo envuelto en una necesidad compleja que me sobrepasa. Vivir el día a día dejando de lado la propia imaginación es una tortura a la que me he acostumbrado... por eso me gusta tanto, y a la vez me molesta, el darme cuenta de que no tengo un solo mundo frente a mis ojos, sino que tengo todos los que quiera... pero en mi mente.

Hoy salí a pasear, no llevé la cámara fotográfica, pero si a Dorian y a Fran conmigo. Estuve deambulando todo el día, Fran corría ayudándose de sus manos, y trepaba los árboles del parque, porque desde las alturas se veían mejor lso canguros y uno que otro koala con los que no puedo conversar (porque no habla en koala), por su parte, Dorian se movía como un rayo de luz, reflejando la del sol es su brillante cuerpo mientras recorría tanto árboles como senderos sinuosos escondidos a mi vista. Entre tanto aparecía y se subía a mi hombro izquierdo, desde donde me contaba lo que se veía debajo de la piedras y como escabullirse de algunas aves.

El sol bajaba con lentitud, y el parque dio paso a la ciudad, iluminada por miles de luces estáticas, reflejadas los los brillantes edificios y el suelo mojado por la lluvia reciente, que habíamos evitado entre los árboles. La gente pasaba a mi lado, sin percatarse de los ojos ávidos con que Dorian y Fran los miraban, por mi parte, me sonreía al saber que estos dos volverán a concepción con más ganas que yo de relatar sus aventuras.

Dorian todavía ,e habla de los cocodrilos que vimos en Sydney y del dragón de komodo que casi no se movía... también del camaleón que no lo dejaba de mirar, y de la enorme anaconda porque todavía le cuesta creer que fuera tan grande.
Fran insiste en que lo lleve a uno de los zoológicos de acá, porque no pudimos ver gorilas en Sydney, aunque se quedó contento de haber disfrutado unas risas en compañía del bebé chimpancé.

Los dos están mucho más felices que yo... ellos si que han disfrutado este viaje.