17 de mayo de 2015

Ayer

Cuando el tiempo empezó, no supo que lo hacía, tanto como al nacer uno no sabe que está naciendo.
El tiempo era muy joven como para notar su importancia, por lo que siguió creciendo, avanzando y dejando atrás todo el presente, para dejarlo en el eterno pasado.

Del pasado nació el ayer, que miró con ansias al futuro y no vio nada más que el presente, por lo que decidió quedarse en el mismo lugar que lo había visto nacer, y es ahí donde siempre podemos encontrarlo.

El ayer es el más importante de los días, es aquel que guarda todo lo precioso y todo lo horrible, es el guardián de nuestras memorias, y el portero de nuestros recuerdos. En el ayer comienza el pasado, en el ayer termina el presente.

Ayer fue el mejor día de mi vida, pero sólo lo sé porque ya pasó.
Ayer fue el peor día de mi vida, pero sólo lo sé porque ya pasó.

Ayer tomé una decisión que cambiaría mi vida, hoy ya no soy el de ayer, por lo que la decisión ya no me afecta, por eso es tan complicado cumplir promesas, plazos o vernos al espejo...

Ayer, en el espejo, también era yo, pero jamás volveré a ver a ese que vi, ni aunque use la misma ropa, logre el peinado exacto o acumule la misma cantidad de barba y ojeras, aquél que vi en el espejo ayer no era yo, ni lo volverá a ser, porque la imagen que tengo de ese, es la que el espejo me da, que no es la que otros ven, ni es la que yo mismo tengo de mi.

El ayer guardó en su bóveda eterna una figura inexistente, una imagen atemporal a la que sólo puedo visitar en recuerdos, porque el viaje en el tiempo sólo te permite ir en una dirección, la misma que él tomo inmediatamente después de nacer.

El tiempo no tiene ayer, ni mañana, el tiempo sólo tiene un presente efímero que no se puede clasificar ni siquiera como hoy, porque hoy tampoco existe, si lo piensas con suficiente detención.

Sólo puedo estar seguro del ayer. Mañana es una incertidumbre que nos tomamos muy a la ligera; hoy es una convención social que no todos entendemos, pero que usamos a nuestro pesar. El ayer siempre estará ahí, aun cuando el hoy no exista o el mañana ocupe tus pensamientos.

Sólo el ayer es constante, es el único día del que puedes estar seguro... porque ya pasó.
Pero no pasa, porque siempre está ahí.

Lo puedes apuntar en un calendario, en una agenda, en un diario de vida, pero no lo puedes ver, no lo puedes tocar y aunque sabes que es real, por el sólo hecho de ya no estar, ya no lo es; quizás nunca lo fue, quizás es hoy el día del que te hablo, hoy es el día sobre el que lees, pero ¿Cuándo estás leyendo esto?